Por: Carlos Gordón
En el marco del proyecto de colaboración Esri-Observatorio de Riesgo Urbano FSU.
Desde 1997, cada 2 de febrero se conmemora una jornada dedicada a reconocer la importancia crítica de los humedales. Esta fecha fue ratificada formalmente como día internacional por la Asamblea General de la ONU en el 2021, consolidando su relevancia en la agenda climática y social del planeta.
El objetivo primordial de esta efeméride es centrar la mirada global en estos ecosistemas, entendiéndolos no solo como santuarios de biodiversidad y refugio para la fauna, sino como pilares esenciales para el bienestar de las comunidades humanas.
En Esri Panamá hemos querido conmemorar esta fecha mostrando cómo a través de la ciencia y los sistemas de información geográfica (SIG), podemos generar análisis que nos permitan entender de mejor manera las interacciones entre el desarrollo urbano y la condición de los humedales.
En este caso hemos escogido para nuestro estudio el caso de los humedales de la zona oriental de la provincia de Panamá, fundamentales para el equilibrio hídrico y la biodiversidad costera, atraviesan un periodo de transformación crítica. Mediante el uso de inteligencia geoespacial y teledetección, ha sido posible reconstruir la evolución de estos ecosistemas comparando dos épocas determinantes: la década de consolidación de los años 90 (1990-1999) y el periodo contemporáneo (2019-2025).

Análisis NDMI 1990 – 1999 (Landsat 5)

Análisis NDMI 2019 – 2025 (Sentinel 2)
La memoria de los satélites: de Landsat a Copernicus
Para este análisis se han integrado dos de las fuentes de datos abiertos de mayor impacto de la historia espacial:
- Misión Landsat (NASA/USGS): Se utilizaron sensores de la misión Landsat 5 para establecer la línea base de los años 1990. Con una resolución espacial de 30 metros, estos datos permitieron identificar la extensión histórica de los manglares y zonas inundables antes del auge inmobiliario del siglo XXI.
- Programa Copernicus (ESA): La comparación actual se sustenta en los satélites Sentinel-2, que ofrecen una visión más detallada con una resolución de 10 metros. Esta tecnología permite detectar cambios sutiles en la vegetación y la humedad del suelo con una precisión sin precedentes en la región.
El eje central del estudio es el NDMI (Normalized Difference Moisture Index), un indicador que mide el contenido de agua en la biomasa vegetal y la saturación del suelo mediante la relación matemática entre el infrarrojo cercano (NIR) y el infrarrojo de onda corta (SWIR).
Hallazgos: entre la expansión urbana y el estrés hídrico
La comparación de ambos periodos arroja resultados que invitan a la reflexión sobre la gestión del territorio. El mapa histórico (1990-1999) muestra un sistema hidrológico saturado y vegetación vigorosa (azul intenso). El mapa actual (2019-2025) refleja un sistema con mayor estrés hídrico y, crucialmente, mayor turbidez en los cuerpos de agua (azul tenue), producto probable de la sedimentación derivada de la expansión urbana visible al este. A continuación exploraremos las posibles causas de estas diferencias.
1. La causa ambiental: degradación del humedal y sedimentación
El cambio de azul profundo a azul pálido en la zona de los humedales de Panamá Este es el indicador más fuerte de pérdida de calidad del humedal.
- Aumento de turbidez (sedimentos): Como discutimos antes, el NDMI baja si el agua está sucia. En los 1990s, es probable que los ríos arrastraran menos sedimentos porque la cuenca alta estaba más boscosa. En la actualidad (2019-2025), la expansión urbana e industrial en Panamá Este vierte mucha tierra y sedimentos al agua. En otras palabras, el color «azul tenue» de 2025 no significa necesariamente que haya menos agua, sino que el agua está más turbia (llena de sedimentos).
- Pérdida de densidad en manglares: El azul intenso sobre la tierra (costa) en los 90s indica manglares vírgenes y densos con altísimo contenido de agua. El color más tenue hoy sugiere que el bosque de manglar se ha «raleado», fragmentado o está bajo estrés, reteniendo menos humedad en su biomasa.
2. La causa climática: el efecto del «promedio seco»
Se están comparando dos décadas con comportamientos climáticos distintos.
- El factor 2023-2024: El periodo actual (2019-2025) incluye el reciente evento de El Niño severo (que afectó el Canal y toda la región). Al ser un mapa promedio, esos años de sequía extrema «jalan» el valor medio hacia abajo, haciendo que todo el mapa se vea más pálido (seco) en comparación con la década de los 1990, que pudo tener un comportamiento más estable.
3. La causa técnica: diferencia de sensores (Landsat vs. Sentinel)
Aunque el índice es el mismo, los «ojos» que lo miran son diferentes.
- Sensibilidad espectral: La banda SWIR de Landsat 5 (Banda 5) es más ancha (1.55-1.75 µm) que la de Sentinel-2 (Banda 11, 1.56-1.65 µm).
- Efecto de escala (30m vs 10m): En los 1990s, para los satélites Landsat un píxel de 30 metros mezclaba agua y vegetación densa, promediando un valor alto de humedad. En la actualidad, Sentinel ve con más detalle (10 metros) los espacios de suelo desnudo entre árboles o bancos de arena, lo que puede reducir el promedio visual general de la zona.
4. La expansión urbana
La comparación espacial de la franja urbana resalta una transformación significativa en el sector occidental del área de estudio, abarcando sectores qué van desde los humedales de Juan Díaz, pasando por Tocumen y el río Cabra hasta Pacora.
En el registro histórico correspondiente al periodo 1990-1999, elaborado con imágenes de la misión Landsat 5, predominan los tonos amarillos y naranjas suaves que revelan un paisaje donde, a pesar de existir intervención humana, el suelo consistía mayoritariamente en pastizales y zonas agrícolas que conservaban cierta capacidad de retención hídrica. Estos valores moderados del índice NDMI durante los años noventa sugieren que el terreno aún funcionaba como una zona de transición capaz de absorber parte de las precipitaciones antes de que llegaran a los cauces principales.
Por el contrario, el mapa actual generado con datos de los años 2019 a 2025 mediante la tecnología Copernicus de Sentinel-2, muestra un viraje hacia tonos amarillos y rojos. Esta coloración confirma la impermeabilización masiva del suelo debido al crecimiento urbano desenfrenado, donde la expansión del concreto y el asfalto en la parte alta de los cuencas de los ríos qué atraviesan la ciudad de Panamá se ha intensificado, afectando la calidad del agua y los humedales en la parte baja de estas cuencas, y la salud de los humedales.
Conclusión
La evidencia recopilada de diferentes décadas de monitoreo satelital confirma que los humedales de Panamá Este no son solo santuarios biológicos; representan pilares estructurales para el equilibrio hídrico y el bienestar social de las comunidades. La transición documentada entre los años 1990s y la actualidad, subraya que la conservación de estos ecosistemas es una urgencia climática que no puede postergarse ante el avance de la huella urbana.
El camino hacia una gestión territorial responsable reside en la ciencia de los datos. Herramientas tecnológicas de vanguardia como ArcGIS por más de 50 años y recientemente Google Earth Engine actúan como los intérpretes de la «memoria» capturada por las misiones Landsat y Copernicus, permitiéndonos transformar millones de píxeles en conocimiento accionable.


